La Demora (Rodrigo Plá, 2012)


El director Rodrigo Plá regresó a su natal Uruguay para rodar un drama personal con un planteamiento duro, que le valió el Premio del Jurado Ecuménico (sección Forum) de la Berlinale 2012, con esta cinta que supone su tercer largometraje, luego de dos realizadas en México y con mucho éxito en festivales. La Zona (2007) ganadora del premio a Mejor ópera prima en el Festival de Venecia y Desierto adentro (2008) con la que obtuvo 4 Premios Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.  La historia sigue a María, una madre de tres hijos, soltera y a cargo de su padre Agustín. Un poderoso sentimiento de incomodidad se apodera de María, que con problemas económicos y una carga familiar pesada, tendrá que luchar ante la crisis.  
No he tenido la oportunidad de ver Desierto adentro (2008), pero con La Demora, el director viene a sugerir una línea a tomar, su preocupación por algunos fenómenos sociales que amenazan las sociedades. Algunos más visibles como en La Zona (2007), otros más silenciosos y que sería cruel llamarlos “problemas” como el caso de La Demora. Más drástico aun lo que relata el director pues, el guión de Laura Santullo ha sido escrito basándose en noticias que leyeron en periódicos de la Ciudad de México. Una realidad que toca la puerta a miles de hogares en todo el mundo, es el tema de vejez. La película no cuenta con adornos ni hay excesos, son  84  minutos de metraje sincero y suficiente para ponernos incómodos
La Demora también es el retrato de una sociedad con problemas económicos, aunque es evidente que se trata de darle un giro distinto evocando un pasado virtuoso y se crea un dilema  donde la responsabilidad y las limitantes monetarias se hacen sentir. Con una excelente fotografía somos guiados a través de las destacables actuaciones de Carlos Vallarino y Roxana Blanco, intérpretes de un padre y una hija con rutinas y deseos  diferentes. Desconcertante y a la vez tierna, conmovedora cinta que toca un tema tan delicado, de manera acertada como pocos. La Demora es simple en su planteamiento, pero compleja al tratar de entenderla sobre todo como humanos.  

Calificación: 7.5/10 

Basada en el manga homónimo de George Akiyama, publicado entre 1970 - 1971 y  traducido a 3 tomos. Su visión cruda sobre una época, provocó que su obra fuera censurada y duramente criticada en Japón. La cinta producida por Toei Animation, está ambientada en el siglo XV cuando la nación nipona pasada por una de sus perores épocas. Heladas, inundaciones, sequías, que condujeron a extremas hambrunas de larga duración. En esta apocalíptica época nace un niño (Asura), mientras tanto su madre intenta comérselo, el destino prepara otra historia. 
Keiichi Sato es el encargado de este proyecto, quien anteriormente ha dirigido Tiger & Bunny (Serie de TV).  De aspecto siniestro, mirada penetrante, cuerpo pequeño y un aura misteriosa se nos muestra Asura, el personaje principal de este drama no del todo oscuro. Y no es para menos, un Asura en la mitología hindú hace referencia a un ser  hostil, una especie de deidad guerrera. Dueños de la oscuridad,  la muerte y la destrucción. 
Namu Amida Butsu, Namu Amida Butsu, Namu Amida Butsu…. Una frase que se escucha muchas veces y que guarda en esencia un sentimiento que se plasma de manera clara y es el hilo conductor en muchas veces de la historia (o las historias paralelas). ¿Un destino?, confiar en que la naturaleza tiene una conexión personal con cada ser. En Asura esta parte es muy evidente y ayuda a comprender la naturaleza salvaje de los humanos. 
El lenguaje sangriento  es manejado de buena forma, tan gráfico cuando se necesita y bien discreto en momentos donde la tensión está a mil. Asura mezcla toques ligeros de comedia inocente que acabaron por irritarme un poco y es quizás donde radica mi inconformidad. A pesar que la historia es realmente siniestra por el contexto en el que se desenvuelve, esperaba una oscuridad total. El ambiente huele a muerte, a carne putrefacta, se siente el hambre y la ira, pero llega a un punto en el que se juega con la simple (y conocida) transformación de  personajes, en situaciones tan cotidianas que no provocan sorpresa. Toei Animation ha manifestado que la técnica utilizada es un logro, y es que visualmente es un deleite, acuarelas con tonos apocalípticos están siempre, poca luz para contrastar el retrato de una sociedad que se cae a pedazos.  

Algunos sutras,  encrucijadas morales y sangre, con un personaje “simpático” en una cinta que pudo ser mejor, pero que seguro les hará pasar un buen momento. Película nominada al Premio Cristal en el Festival de Cine de Animación de Annecy 2012. 

Calificación: 5.5/10 

Mekong Hotel (Apichatpong Weerasethakul, 2012)



La música alimenta el  alma, el cine también y Apichatpong Weerasethakul es consciente. Mientras las cuerdas de una guitarra suenan, se divaga sobre el blues, especie de entrevista y al fondo se reconoce al entrevistador. Es el más reciente proyecto de  Weerasethakul, amante de la naturaleza, de lo místico y sagrado, de los viajes personales y  lenguajes que desafían al espectador. Ganador de la Palma de Oro en Cannes 2010 con  Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas. Mekong Hotel  fue presentada en Sesión Especial en el Festival de Cannes 2012. Mekong Hotel es un documental acerca de un hotel situado a las orillas del río Mekong en el noreste de Tailandia. El río marca la frontera entre Tailandia y Laos. Apichatpong lleva a todo su equipo y reconstituyen una película llamada Ecstasy Garden, que él mismo había escrito hace algunos años. Filmado en la época en la que Tailandia fue víctima de inundaciones. 
Como una ciudad milenaria, viviendo en lo profundo de los sueños, rodeado de ilusiones, transformado solamente por el paso de los años, así se encuentran el rió Mekong, manteniendo su misterio ancestral con pruebas humanas más difíciles y complejas. Una mezcla entre ficción y documental es lo que ofrece el etéreo Weerasethakul. Historias de amor acompañadas  de confesiones melancólicas. El dinero, la religión y la guerra llevan a un ser divino, motor inicial de todo lo que existe. Paganismo presente en leyendas milenarias. Entre carne, hueso y sangre se esconden almas errantes con inconformidades que se clavan en los recuerdos. Fantasmas que se reencarnan en otros cuerpos, en diferentes tiempos. El sonido de la guitarra es nuestro acompañante, melancólicas y frescas notas que se sincronizan con las imágenes que se vuelven un solo ser.
Las balsas recorren las aguas, los troncos de los arboles flotan mientras la crítica social y política  se puede sentir en los diálogos y miradas de los protagonistas. Weerasethakul retrata el rió Mekong con un extraño encanto, como el mismo viento que se siente, como el agua que sigue su curso, sin esperar ni escuchar a nadie,  como las aves que sin miedo alguno cantan su sentir,  sin ataduras, sintiéndose dueños del mundo. Mekong Hotel ofrece  un universo cargado de mitología, escasos 57 maravillosos minutos de fantasía. 

Calificación: 8/10